La transmisión será el domingo 29 de noviembre a las 10:00 horas a través de la 1020 AM, por Ñanduti TV en el canal 17 de Tigo Star así como por el facebook de Radio Ñandutí Digital AM y Servilibro.
Prólogo de la Primera Edición
Humberto Rubin era un hombre de radio que se había propuesto pasar lo más desapercibido posible, oculto detrás de sus micrófonos.
Pero un día le sacaron la radio y lo hicieron popular, cuándo era el último en querer serlo. Pero era un soñador de sueños a realizables y hasta palpables. De pronto, quienes hicieron de él lo que él nunca quiso ser, inventaron incluso la especie de que quería ser presidente de la República del Paraguay. Precisamente el que ni siquiera podía hacerlo mientras no hubiera una constitución democrática. Pero nada de eso importaba. Había que buscarle pecados a semejante predicador de virtudes.
¿Y qué mayor pecado, en el Paraguay de los años 70 y 80 que el querer ser presidente de la República? Peor que querer ser terrorista confeso, con una bomba en el bolsillo. Era obvio. Al ochenta por ciento de la población paraguaya la que no vivió más época que está o no leyó historia, le resulta imposible que a continuación de la expresión “el Excelentísimo Señor Presidente de la República (del Paraguay)…” viniera otro nombre y no el del General (don) Alfredo Stroessner. Si no era así, simplemente no se estaba en el Paraguay, o se estaba soñando, de veras.
En este compendio de entrevistas, Humberto Rubin ha querido de alguna forma desembarazarse de semejante idea admitiendo simplemente que ella es una posibilidad a la larga realizable en otros.
“Nuestros personajes -señala- no han asumido en ningún momento poses presidenciales, Aunque cualquiera de ellos podría alcanzar la presidencia de la Re- pública alguna vez.” Cualquiera de ellos, o de otros, a quienes la circunstancias, o como quiera llamársele, los coloque en el sillón de López – que nunca fue suyo- para iniciar una nueva época de la vida del Paraguay, acaso la definitivamente democrática.
Día llegará en que la frase “…el Excelentísimo señor Presidente de la República del Paraguay) … Seguirá otro nombre, ya no el que veníamos oyendo hace tantos lustros. Pero esto será sólo porque bajo el sol no existen Inmortales, ni hombres que tienen comprada la vida eterna. Y a Rubin, cómo a muchos, parece preocuparles cuál será ese nombre que con tanta insistencia quieren sobre todo saber los corresponsales extranjeros que llegan al Paraguay, como si fuese una simple cuestión de adivinanza.
Ese nombre podría ser el de cualquiera de los citados en el libro; podrá ser otro, pero deberá ser necesariamente de alguien, “presidenciable o no. Quienes más próximos están de alzarse con el trofeo son, sin duda, los militantes”, el sector cí- vico-militar bien próximo a Stroessner, por lo menos en 1988, pues sus integrantes se expresan como si a su “único líder” le quedarán todavía 25 años de vida, pero actúan como si habría de desaparecer mañana. Ciertos opositores y oficialistas, en cambio, hacen lo contrario. Hablan como si el general iría a morirse mañana, pero obran pensando que todavía le quedan un cuarto de siglo.
Todo esto es el producto del desaliento y de una larga espera para muchos, no advierten que mientras “nuestro único líder” (título de las entrevistas de Rubín) envejece, ellos envejecen. A la memoria nos viene una tarde de 1960 en la Escuela
“Domingo Faustino Sarmiento” de Asunción – cuando aún no habían “desarmientizado” el país ni descubierto sus agravios al pueblo paraguayo. La directora, re- unido los alumnos en el patio, nos decía cuánto le alegraría, algún día saber que de esta escuela había salido un presidente de la República del Paraguay. Por entonces apenas habían transcurrido seis años desde la asunción de Stroessner y tal pensamiento era comprensible en madres y maestros y en nosotros. Todos queríamos ser presidente.
Pero pasó el tiempo y las posibilidades fueron disminuyendo: 1963, 1968, 1973, 1978, 1983, 1988 hicieron que cada día menos, incluso entre los oficialistas, tu- vieran ilusiones presidenciales, contraviniendo la regla de oro de la política, que
aquel que no desea ser presidente, primer ministro o lo que fuera, era un fracasado de entrada.
Por eso la idea subyacente de Rubin tiene mérito. Debemos empezar a acostumbrarnos a la certidumbre que después de Stroessner vendrá un González, un Benítez, un Gómez o, para ser concretos, un Rodríguez, un Romero Pereira o un Saguier.Alguna vez en el Paraguay, incluso sin que la democracia haya triunfado del todo, veremos tales cambios; los primeros brotes de un árbol que deberá crecer recto, cargado de frutos y proyectando sobre el pueblo su cono de sombras; sombras no para ocultar nada sino para protegerlo de las inclemencias.Hace tiempo que el Paraguay está maduro para la democracia. Solamente le falta una oportunidad, que nadie tiene derecho a retaceársela. Si todos los comprenderíamos así, podríamos hacer que nuestros hijos y nietos no pasen los sinsabores de otras generaciones que, de desilusión en desilusión, se olvidaron de que ésta es una República y no una Monarquía.Alfredo M. Seiferheld.
Asunción, abril de 1988.

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