«Nuestras casas se quemaron por completo. Siempre nos reparten comida y desayuno. Lo único que le pido a los padres es que ya no les provean de estos productos a sus hijos porque son muy peligrosos. Lo único bueno es que no hay una vida que lamentar. A muchas personas el incendio les agarró mientras dormían y se despertaron por los gritos de los vecinos», expresó.

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