En la jerarquía de los sentidos, el olfato tiene un vocabulario ausente: es mucho más fácil hablar o discutir sobre música, donde participa el sentido de la audición, o sobre aspectos visuales (ambos son estímulos físicos). El sentido del olfato siempre ha tenido un descrédito, desde la antigüedad. Nunca fue tenido en cuenta (incluso por los profesionales de la salud) y lo cierto es que poco se sabía sobre él.
Pero en la actualidad, el coronavirus se apoderó de este sentido: hasta 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calculaba que el 5% de la población mundial era anósmica. Con la pandemia por el SARS-CoV-2, este número aumentó sobremanera.
Este 27 de febrero se celebra el Día Internacional de la Anosmia, y es una excelente oportunidad para informarse acerca de los tratamientos disponibles para estos pacientes.
Lo primero que se preguntan los pacientes es si la falta de olfato tiene tratamiento, si regresará y si recuperarán este sentido. La buena noticia es que la respuesta es afirmativa: la falta de olfato (llamada anosmia) tiene tratamiento médico y, además, el olfato se puede volver a entrenar y suele recuperarse luego de días o de semanas o de meses incluso, siempre depende del momento en el que se consulta.
Desde hace más de una década, existe clara evidencia de que el entrenamiento olfativo con sustancias odoríferas puede restablecer el olfato. En 2009, un grupo de investigadores alemanes liderados por el especialista Thomas Hummel describió esta maravillosa posibilidad de reentrenar el olfato gracias a la plasticidad cerebral.
Para ello se diseña un protocolo individualizado, según las prioridades de cada caso y el daño que está ocasionando en la persona esa abolición. No existe una varita mágica, pero la guía en el proceso terapéutico es personalizada, de acuerdo con el caso de cada paciente.
El entrenamiento, como se mencionó, es individualizado y consta, según cada caso, la exposición repetida a olores diferentes a elección del paciente durante el tiempo que sea necesario, de a uno por vez. La base del entrenamiento es que el paciente asocie el olor con su memoria (evocando recuerdos con esa sustancia). Se debe realizar el ejercicio durante 5 segundos a 5-10 minutos, tres o cuatro veces por día. En lo personal, y según mi experiencia, indico al paciente no pasar a un segundo olor hasta que el primero no sea reconocido. Además, le solicito, en caso de tener abolido también el sabor, que pruebe alguna golosina. Por ejemplo, en caso de oler menta, acompañar el ejercicio con una golosina de menta, eucalipto o mentol.
Fuente: Infobae

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