Dijo que Asunción se volvió un territorio de caza para una nueva jauría de empresarios que se hace llamar desarrolladores inmobiliarios, “creen que por invertir dinero, dar trabajo y un montón de anomalías conceptuales, pueden hacer lo que quieran con la ciudad, sin pensar en los inconvenientes que se pueden causar», expresó el arquitecto.
Igualmente, manifestó que ningún cuerpo de bomberos del Paraguay tiene una escalera y un protocolo de trabajo para llegar más allá del cuarto piso cuando sucede un incendio. Asimismo, refirió que la capital no tiene los servicios indispensables adecuadas para dar satisfacción a una abrupta demanda de un “monstruo que se eleva entre nosotros, que daña el ambiente, tapa los rayos del sol, etcétera, etcétera», dijo.
De igual modo, argumentó que la construcción de edificios de gran envergadura plantea numerosos desafíos, tanto a nivel conceptual como en lo que respecta a la esencia de la vida en comunidad. Esta última se fundamenta en la interacción directa, el conocimiento de nuestros vecinos y la comprensión de quiénes somos y qué hacemos. Cuando se erige un edificio de tal magnitud en el corazón de la ciudad, se introduce un elemento de anonimato que, según se afirma, constituye una de las principales fuentes de la hostilidad urbana. Dijo que dicha afirmación se respalda en conocimientos derivados de la Psicología y la Psicología social.
