Según Escobar, los pequeños eran sometidos a un esquema de recaudación diaria, bajo órdenes de sus propios padres. Puntualizó que los niños debían juntar entre G. 100.000 a G 150.000, para entregar esa suma a sus progenitores.
«Me tocó bastante, yo soy papá, es realmente terrible, en una pieza estaban hacinados niños chiquititos, sin colchón, sin sabanas, era demasiado triste», relató con mucho dolor.
«Son de comunidades de Caaguazú y Guairá, entre niños y adolescentes, la cuestión de la documentación se hacen difícil, no tienen cédula, carnet indígena. Estamos trabajando para que en sus comunidades puedan tener una mejor calidad de vida y que eviten esa migración, viviendo en condiciones infrahumanas», sostuvo Escobar.
Finalmente, señaló que se encuentran coordinando el traslado de las víctimas., previo a un abordaje técnico y un plan de retorno «para que no regresen con las manos vacías».
