«Aquel padre que desee aplicar las vacunas a sus hijos, puede hacerlo, pero que no sea obligatorio», enfatizó el legislador, indicando que si bien para las personas mayores, «la mejor tirada» puede ser su uso, pero que para pacientes jóvenes o pediátricos sin patología alguna, se trata de una enfermedad que no ocasiona estragos.
El diputado se mantuvo firme en su postura, expresando que «los efectos colaterales son numerosos», por lo que pidió ser prudentes y ponerle un paño frío a la cuestión. «Es una medida desacertada, ya no hay demanda», añadió.
«Esto va más allá del plano médico y científico, hay intereses gigantescos, y no lo han hecho solo a nosotros, sino también en Estados Unidos y en países europeos. Han sobornado para vender cientos de miles de millones de dosis de sus respectivas vacunas. No olvidemos a Moderna o Pfizer, que hoy conquistan la bolsa», reflexionó finalmente.
