Según la titular este hecho, junto con el contrabando, son flagelos que se vienen denunciando hace varios años. El perjuicio económico es grave, ya que en muchos casos, al reemplazar la mercadería robada por agua u otros cuerpos extraños se contamina la carga y además, la misma sufre penalizaciones por mala calidad o es directamente rechazada, explicó Noguera.
En ese sentido, otra preocupación de la Cámara es el destino del aceite que es robado de barcazas, ya que se teme que sea “refinado” en instalaciones clandestinas y sin cumplir con los procesos mínimos para asegurar su inocuidad, pudiendo incluso, ser reempaquetados en recipientes de marcas ya establecidas en el mercado y comercializados como tales, engañando y exponiendo a los consumidores, destacó la titular.
A pesar de que las empresas transportadoras realizan grandes inversiones en tecnología y procesos para intentar prevenir estas situaciones, el esfuerzo aislado del sector privado no es suficiente para enfrentar a grupos organizados dedicados al robo y contrabando, explicó la gerente general.

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