El cementerio de la capital paraguaya, La Recoleta, comenzó a funcionar en 1845, luego de que el gobierno paraguayo confiscara los terrenos a la orden de los franciscanos recoletos, dando origen a su nombre.
En sus recorridos, destaca dos zonas con mayor actividad: el portón 9 hacia el Club Recoleta y la zona antigua detrás de la iglesia. Revela la presencia de panteones olvidados desde la década de 1940, con placas nunca visitadas, siendo blanco de robos frecuentes. La vigilancia se distribuye en 3 puestos con 2 guardias cada uno, coordinados desde un área administrativa que controla la limpieza y mantenimiento del lugar.
Conversamos con el guardia de la Recoleta Ariel Molas
🗣️"Solemos encontrar magia negra, ofrendas, velas encendidas, gallinas muertas, restos de animales, de frutas, una vez encontramos cabras completas. Normalmente nosotros ya encontramos, suelen entrar antes de que se cierren… pic.twitter.com/7JbBXLw0IO
— Radio Ñandutí (@nanduti) March 27, 2024
«Hay una área administrativa desde donde se organiza la limpieza, todo tiene su código y su proceso. Hay veces que los cajones «explotan» y dejan un olor nauseabundo», comentó Molas.
«Solemos encontrar magia negra, ofrendas, velas encendidas, gallinas muertas, restos de animales, de frutas, una vez encontramos cabras completas. Normalmente, nosotros ya encontramos, suelen entrar antes de que se cierren los portones, es cuestión de minutos, entran, dejan y se retiran. El horario de invierno del cementerio es hasta las 17:00. Una vez vi gente de la religión Unmanda todos vestidos de blanco, dejando ofrendas, frutas», relató el guardia del cementerio de la Recoleta.
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