El pasado 25 de febrero, cerca de 200.000 personas abarrotaron la Avenida Paulista en la capital económica del país tropical, São Paulo. Fue la manifestación más concurrida desde la campaña electoral de 2022.
En Río de Janeiro, el feudo electoral de Bolsonaro, no iba a ser diferente, aunque el resultado fue inferior a lo esperado. Hubo cerca de 33.000 personas, menos del 20% de los manifestantes de São Paulo, según los cálculos del Monitor del Debate Político de la Universidad de São Paulo.
Ante decenas de miles de personas reunidas frente a la playa de Copacabana, el exmandatario enfatizó: «en Brasil estamos cerca de una dictadura». Asimismo, pidió un aplauso para el magnate Elon Musk: «Tuvo el coraje de mostrar con pruebas hacia dónde va nuestra democracia».
En el telón de fondo, las declaraciones de Elon Musk, el dueño de la red social X, actualmente enzarzado en una polémica con el juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes por la eliminación de perfiles acusados de difundir noticias falsas y diseminar el odio en Internet.

Bolsonaro volvió a pedir la amnistía para los presos por los actos vandálicos del 8 de enero y elogió a Musk. “Lo que más queremos es que Brasil vuelva a la normalidad, que podamos participar en las elecciones sin sospecha alguna. Al fin y al cabo, el alma de la democracia son unas elecciones limpias en las que nadie puede siquiera pensar en dudar de ellas”, afirmó Bolsonaro, quien en 2022 llegó a convocar a decenas de embajadores en Brasilia para criticar la confiabilidad de las urnas electrónicas, sin llegar a aportar pruebas de los supuestos fallos de estas.
La política brasileña, en estado de efervescencia
El acto político convocado por Bolsonaro se celebra en un momento en que el presidente Lula experimenta una bajada de su popularidad, pasando del 38% al 35%. También cabe destacar la profunda crisis institucional entre los tres poderes. Esta semana, el Congreso, de mayoría conservadora, aprobó una reforma constitucional que pretende criminalizar la posesión y tenencia de drogas ilícitas en cualquier cantidad. Se ha tratado de un acto de rebeldía contra el Tribunal Supremo, que lleva meses celebrando vistas con el fin de despenalizar la posesión de marihuana en pequeñas cantidades y para uso personal. Para el presidente del Senado, Rodrigo Pacheco, este proceso es una “invasión de competencia”.
Además, la relación entre el presidente Lula y el jefe del Congreso, Arthur Lira, pasa por su peor momento. La razón principal es el dinero concedido por el Gobierno Federal a los diputados del Congreso, para que puedan llevar a cabo proyectos en las ciudades donde fueron elegidos y fidelizar sus electores. Es un tema crucial en un año electoral, en el que los 5.568 municipios de todo el país tendrán que elegir a los alcaldes y a los concejales. Pero también existen otras tensiones. Lira no sabe si conseguirá ser reelegido para este cargo el año que viene y teme perder poder. Por esta razón, amenaza con llevar a cabo varias comisiones de investigación en el Parlamento que podrían desgastar el Ejecutivo.

Frente a este escenario y a pesar de haber sido inhabilitado políticamente hasta 2030, Bolsonaro intenta aprovechar la coyuntura para mostrar músculo político. Su mayor preocupación son los numerosos juicios pendientes que tiene, entre otras razones, por presunto intento de golpe y por falsificar presuntamente la tarjeta de vacunación contra el Covid-19, que podrían llevarlo a la cárcel incluso este año.
Mientras tanto, la defensa de Bolsonaro ha presentado un pedido al Supremo Tribunal Federal para anular la Operación Tempus Veritatis, que investiga el presunto intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023. La acción fue presentada a través del Partido Progresistas. En las últimas manifestaciones, Bolsonaro no ha dejado de hacer mención a una posible amnistía, porque sabe que tal vez sea su única esperanza.
“Tenemos a huérfanos con padres vivos en Brasil. La amnistía es algo que siempre ha existido en la historia de Brasil. Nadie intentó, utilizando las armas, tomar el poder en Brasilia. Esa gente tenía la bandera verde y amarilla en la espalda y muchos tenían una Biblia bajo el brazo”, dijo hoy Bolsonaro desde lo alto del camión. Es muy improbable que el juez Moraes, responsable de la instrucción de este caso, se deje enternecer por este discurso plagado de referencias bíblicas.
Fuente: France 24

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