Sostuvo que con nuestro estilo de vida y el consumismo que tenemos, perdemos valores, el contacto, el hablarnos y el estar juntos. «Queremos descartar la fe y no solo la cristiana, reemplazamos trascendencia por placer y eso genera un sinsentido de la vida y esto les afecta a todos», profundizó.
«Uno no tenía en los años 80 la información basura. Debemos dejar el celular a un costado y mirar a la familia», sentenció.

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