El desierto de Atacama, reconocido como el más árido del mundo, fue testigo de un fenómeno extraordinario este año: una explosión de flores moradas y blancas, todo gracias a las raras lluvias que cayeron en el norte de Chile.
Este evento, conocido como «desierto florido», suele ocurrir cada cinco a siete años, típicamente durante la primavera. Esta vez sorprendió al florecer de forma inusualmente temprana durante el invierno del hemisferio sur, impulsado por las precipitaciones asociadas a El Niño.
Las lluvias de abril y la persistente nubosidad nocturna jugaron un papel crucial en este espectáculo natural.

A diferencia de otros años donde el desierto se tiñe de flores en áreas extensas, esta vez la floración se concentró en un espacio más reducido de 300 a 400 km2. Destacan especialmente la «pata de guanaco», una flor morada que prospera en suelos arenosos con escasa agua.
En los últimos 40 años se produjeron alrededor de 15 eventos florecientes, según un análisis de 2022 de la Pontificia Universidad Católica de Chile.


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