A medida que las aulas se vaciaban y las pantallas se volvían las protagonistas del aprendizaje y el entretenimiento, un cambio sutil pero preocupante comenzó a afectar a los niños de todo el mundo: el aumento de la miopía.
Los expertos han observado durante años cómo el tiempo al aire libre disminuye y la exposición a pantallas se dispara, lo que contribuye al deterioro visual en los más jóvenes. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión, acelerando este fenómeno y revelando la profunda relación entre el estilo de vida moderno y el desarrollo de la miopía.
La miopía, o visión corta, es una afección que ha aumentado drásticamente en las últimas décadas, impulsada por el hecho de que los niños pasan cada vez más tiempo realizando tareas en espacios cerrados y enfocándose en actividades de “trabajo cercano” como leer y usar dispositivos electrónicos.
El aumento de la miopía no se distribuye de manera uniforme en todo el mundo. Las tasas más altas se concentran en Asia Oriental, donde países como Japón y Corea del Sur han registrado hasta un 86% y 74% de niños diagnosticados. En estas regiones, el sistema educativo y la alta carga de trabajo escolar, junto con la falta de suficientes actividades al aire libre, son factores determinantes.
Países como Paraguay y Uganda registran niveles de miopía mucho más bajos, con apenas un 1 % de incidencia, lo que evidencia el impacto que tienen el entorno y el estilo de vida sobre el desarrollo de esta afección. En naciones como el Reino Unido y Estados Unidos, las tasas de miopía rondan el 15 %, y muestran una tendencia ascendente, especialmente en las áreas urbanas.
Fuente: infobae.com

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