Según un artículo científico publicado por la Sociedad Británica de Psicología, «parte del problema es que las personas, en general, no saben ignorar su estado actual para tomar decisiones sobre cómo se sentirán en el futuro». Es decir, los objetivos se ven «inundados» por el optimismo de Año Nuevo y eso hace que muchas veces sean imposibles de cumplir.
Además, no solo se subestima la dificultad de cumplir las metas, sino que también no se toma en cuenta las tentaciones, como el de resistir a la comida chatarra ante un nuevo intento de iniciar una dieta.
¿Qué se puede hacer?
Según Jake Campling, Jackie Andrade, David J. Kavanagh y Jon May, autores del artículo, la planificación es fundamental. Evaluar correctamente los recursos disponibles y los recursos que cada objetivo va a requerir, es un paso elemental de cara a que los planes se hagan viables.
Pero la planificación va más allá. En 2013, Aukje Verhoeven descubrió que para hacer planes exitosos, hay que adelantarse a los problemas y tener micro-planes claros ante los problemas más probables. Eso es inasumible si existen muchos «objetivos de Año Nuevo» encima de la mesa.
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