Rejala comentó que primeramente no sabía qué hacer; sin embargo, luego decidió acercarse al entrenador.
“Yo le pedí permiso para abrazarle, porque era blanca su remera. Profe, te puedo abrazar, porque mi mano está sucio. Me dijo ‘no importa monstruo”, señaló.
El joven padre no paró de elogiar al adiestrador de la Selección Paraguaya, por quien reiteró la gran admiración que tiene.
“Gustavo Alfaro le da felicidad al vendedor ambulante, yo verdulero, alfarero, gente que junta plástico. Darle felicidad a la gente postergada no tiene precio”, puntualizó.

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