El pontífice, de 88 años, se mostró en silla de ruedas, con un semblante sereno y una sonrisa que tranquilizó a los cientos de fieles congregados frente a la clínica.
Desde el balcón, el papa saludó con la mano y ofreció una bendición a los presentes, acompañado por personal médico y algunos colaboradores cercanos.
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