El equipo de investigación, compuesto por expertos de la Universidad Anglia Ruskin (ARU) y el Centro de Investigación Konrad Lorenz de la Universidad de Viena, llevó a cabo experimentos en las islas Santa Cruz y Floreana. Utilizando altavoces, reprodujeron cantos de currucas que simulaban la presencia de un intruso, combinados con sonidos de tráfico. Los resultados fueron claros: las aves que habitan cerca de carreteras transitadas reaccionaron con mayor agresividad, abalanzándose sobre los altavoces y realizando vuelos repetidos, un comportamiento que los científicos interpretan como preparación para un enfrentamiento físico.
Caglar Akcay, coautor del estudio y profesor de ecología del comportamiento en la ARU, explicó: “Nuestros resultados muestran que el cambio en las respuestas agresivas de las currucas amarillas se produjo principalmente cerca de las carreteras. El ruido del tráfico interfiere con su comunicación, lo que las lleva a adoptar conductas más físicas y arriesgadas”. Akcay también destacó que las aves intentan adaptarse elevando la frecuencia de sus cantos para superar el ruido, pero este ajuste no siempre es suficiente.
El aumento de la presencia humana en las Galápagos, cuya población creció de 2.000 habitantes en la década de 1960 a 32.000 en la actualidad, junto con los más de 200.000 turistas anuales, ha incrementado el tráfico vehicular y, con ello, la contaminación acústica. Este fenómeno pone en riesgo no solo el comportamiento de las aves, sino también su supervivencia y el equilibrio del ecosistema que depende de ellas.
Los investigadores advierten que estos cambios podrían tener repercusiones a largo plazo en las poblaciones de aves y subrayan la necesidad de estrategias de conservación que mitiguen el impacto del ruido humano. “Entender cómo la actividad humana afecta a la fauna, incluso en un lugar tan emblemático como las Galápagos, es crucial para proteger su legado natural”, concluyó Akcay.
Deja una respuesta