Conocido como el «padre de la filosofía moderna», Descartes empezó a cuestionar todo lo que se podía dudar para llegar a verdades indubitables, un método que sigue resonando en la ciencia y la filosofía contemporáneas.
La duda metódica, piedra angular de su obra más célebre, Discurso del método (1637), propuso un enfoque radical: rechazar como falso todo aquello que pudiera ser puesto en duda, incluso las percepciones de los sentidos o las creencias más arraigadas. «Decidí fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños», escribió Descartes, buscando un fundamento sólido para el conocimiento. Este proceso lo llevó a su famosa conclusión: Cogito, ergo sum («Pienso, luego existo»), una certeza que resistió toda incertidumbre y se convirtió en el punto de partida de su sistema filosófico.
Desde su natal La Haye en Touraine (hoy Descartes, en su honor), este pensador del siglo XVII desafió las autoridades intelectuales de su tiempo, incluyendo la escolástica medieval, y sentó las bases para el racionalismo. Su método no solo influyó en la filosofía, sino también en las matemáticas —con la creación de la geometría analítica— y en la ciencia, al promover un enfoque sistemático y crítico que sigue siendo relevante en la era de la inteligencia artificial y los avances tecnológicos.
En un mundo donde la desinformación y las verdades aparentes abundan, la duda metódica de Descartes invita a reflexionar. «¿Qué podemos saber con certeza en el siglo XXI?», se preguntan académicos y estudiantes que hoy recuerdan su nacimiento. Su insistencia en cuestionar lo evidente y buscar fundamentos sólidos se interpone como un eco atemporal, recordándonos que el acto de dudar no es un fin, sino un medio para alcanzar la claridad.
Deja una respuesta