“Más que un amigo, fue como un padre para mí”, expresó Wals, al evocar una relación que comenzó en 2007 en Buenos Aires y se mantuvo hasta el final del pontificado.
Wals, quien acompañó a Bergoglio como su portavoz cuando era arzobispo de Buenos Aires, relató cómo su vínculo se fortaleció con el tiempo, incluso tras la elección de Francisco como papa en 2013. “Me dijo ‘nos vemos a la vuelta’ antes del cónclave, pero lo eligieron Papa y se quedó en Roma. Nuestra amistad continuó, y te diría que fue un padre para mí”, confesó.
En sus palabras, Francisco nunca cambió su esencia: “Fue siempre el mismo que conocimos en Buenos Aires. No te hacía sentir que estabas en presencia del papa”. Esta cercanía se reflejaba en detalles personales, como las cartas manuscritas que Francisco enviaba a Wals a través de fotos por WhatsApp, ya que no usaba computadora.
El legado de Francisco, según Wals, es una “Iglesia de puertas abiertas”, un sueño que comenzó a materializarse desde marzo de 2013. “Quería una Iglesia que no juzgara, que esperara con los brazos abiertos y llegara a los excluidos y olvidados”, afirmó. Este enfoque pastoral, centrado en la misericordia y la inclusión, marcó los 12 años de pontificado de Francisco, quien buscó acercar la Iglesia a las periferias y a quienes se sentían marginados.
Wals también destacó el cariño especial de Francisco por Paraguay, país al que visitó en 2015. Casado con una paraguaya, Wals reveló que el papa preguntaba frecuentemente por el pueblo paraguayo, demostrando un afecto genuino. Sin embargo, el exvocero lamentó que Francisco no pudiera concretar una visita a su natal Argentina, un deseo frustrado por las divisiones políticas. “Le dolía que los partidos políticos quisieran colgarse de su sotana, poniéndolo como referente de la oposición. Él se sentía un papa de todos”, explicó Wals, subrayando que esta polarización fue uno de los motivos que impidieron el viaje.
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