Según un análisis liderado por Eric E. Clua, investigador de la Universidad París Ciencias y Letras, la mayoría de las mordeduras de tiburones a humanos son un reflejo de autodefensa, no ataques premeditados.
El estudio, publicado en la revista Frontiers in Conservation Science, revela que 322 de las 7.000 mordeduras registradas globalmente desde 1863 podrían estar motivadas por el instinto de supervivencia del animal ante una percepción de amenaza humana.
Los investigadores compararon datos de los Archivos Globales de Ataques de Tiburón con observaciones en la Polinesia Francesa, una región rica en vida marina. Las mordeduras analizadas, con una letalidad del 3,2%, fueron causadas principalmente por especies costeras de tamaño mediano, como el tiburón de puntas negras (Carcharhinus melanopterus) y el tiburón gris (Carcharhinus plumbeus).
Actividades como la pesca submarina, la pesca con arpón o incluso caminar sobre tiburones bentónicos, como el tiburón alfombra en Australia, pueden desencadenar estas reacciones defensivas. “Es aconsejable no intentar ayudar a un tiburón en peligro, ya que podría interpretar la acción como una agresión”, advierte Clua.
El estudio cuestiona la etiqueta de “ataques” para estas mordeduras, destacando que los tiburones no muestran comportamientos agonísticos previos, como posturas agresivas. En la Polinesia, donde los tiburones son considerados guardianes sagrados y descendientes del dios Tangaroa, las tradiciones culturales han limitado su explotación, aunque persisten desafíos con la pesca ilegal.

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