El proyecto, parte de una ambiciosa reforma fiscal de casi 900 páginas impulsada por el presidente Donald Trump, combina recortes tributarios, restricciones sociales y medidas de seguridad fronteriza.
Aunque la tasa inicial propuesta era del 5%, se redujo al 3,5% tras presiones de republicanos de estados fronterizos, preocupados por las repercusiones diplomáticas y electorales. Sin embargo, las críticas no se han hecho esperar. “Este proyecto es un ataque frontal a las comunidades migrantes. Les quita acceso a salud y comida, y ahora también les cobra por ayudar a sus familias”, denunció el líder demócrata Hakeem Jeffries.
El impuesto afectaría a migrantes sin “green card”, incluyendo aquellos con visas temporales como H-2B, F-1 o L-1, quienes pagarían 35 dólares por cada 1.000 dólares enviados. Según cálculos republicanos, la medida podría generar hasta 12.000 millones de dólares anuales, destinados a financiar 1.128 kilómetros de muro fronterizo y 448 kilómetros de barreras fluviales, en un esfuerzo por aliviar el déficit fiscal estadounidense.
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