En 1789, Francia se ahogaba en deuda. La gente pasaba hambre mientras el rey, Luis XVI vivía en la opulencia y el derroche. El alza de los impuestos, que solo se cobraban a la población más pobre y a la burguesía de clase media, detonó el malestar del pueblo que ya se encontraba inmerso en la miseria, la injusticia y el abuso de la nobleza.
En algunos lugares de Francia nuevos pensamientos comenzaban a brotar. La era del naturalismo y de las ideas traía consigo nuevas corrientes filosóficas que ponían en duda las monarquías autoritarias y proponían la igualdad del hombre.
Este edificio con muros de 25 metros de altura era una construcción medieval que funcionaba como prisión. Desde el siglo XIV, la Bastilla se había convertido en una de las prisiones favoritas de los reyes, pero durante los años previos a su asalto y ante la crisis financiera que vivía el país, se encontraba en total decadencia. Aquel 14 de julio únicamente había 7 prisioneros. Sin embargo, era un edificio que representaba la tiranía y la opresión de la monarquía absoluta.
Capturar la Bastilla fue un gran triunfo para la población. La victoria le demostró al pueblo francés que estaba listo para levantarse en armas. Inmediatamente después, la revolución comenzó a extenderse por toda Francia. Adentrándose en el descontento de las clases oprimidas bajo el lema Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Tan solo seis semanas después del ataque a la Bastilla, la Asamblea Nacional Constituyente de Francia redactó y adoptó la Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos el 26 de agosto de 1789.
Fuente: cndh.org.mx
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