Sin embargo, una investigación de la Universidad de Kioto, cuestiona esta creencia. Según el estudio, los perros domésticos no presentan pruebas de formar reputaciones sobre los humanos, ni siquiera después de interactuar o presenciar comportamientos generosos o egoístas.
También, un equipo internacional, liderado por Hoi-Lam Jim, sometió a cuarenta perros domésticos a un desafío inédito: poner a prueba su habilidad para distinguir entre personas generosas y egoístas. El ensayo dividió a los animales en tres grupos según su edad: jóvenes, adultos y senior. Todos participaron en pruebas que simulaban situaciones de reparto de comida con dos humanos desconocidos.
El experimento reveló algo sorprendente: los perros, sin importar su edad ni experiencia, no mostraron tendencia clara a elegir al humano generoso. No importó si habían interactuado o solamente observado, su comportamiento no superó los niveles que se esperarían por azar.
Fuente: Infobae.com
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