A las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, la bomba “Little Boy”, lanzada por el bombardero B-29 Enola Gay, arrasó la ciudad. Dos tercios de los edificios desaparecieron instantáneamente y decenas de miles murieron en segundos o en las semanas siguientes por quemaduras y exposición a la radiación.
El mayor peligro era la radiación, que no podía percibirse de ninguna forma. Personas que parecían estar bien días después del bombardeo, de repente se desplomaban y morían.
Los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial
Fuente: omnesmag.com – rfi.fr – nytimes.com
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