Durante la homilía celebrada el 15 de agosto, aniversario número 488 de la ciudad de Asunción, el arzobispo Adalberto Martínez se refirió a la situación actual del país, criticando abiertamente a la clase política por la debilidad de las instituciones democráticas, que no logran responder a las necesidades de los sectores más vulnerables. «Se constata la debilidad de nuestras instituciones democráticas para dar respuesta a las necesidades más sentidas de los sectores vulnerables», aseguró el líder religioso.
Martínez destacó que esta realidad es consecuencia de un empobrecimiento ético en la práctica política, un fenómeno que, según él, favorece la corrupción, la impunidad y el avance de actividades delictivas, como el narcotráfico, la trata de personas, el contrabando y el lavado de dinero. «Este empobrecimiento ético favorece la vigencia y profundización de la corrupción y la impunidad, así como el avance del crimen organizado, narcotráfico y otros tipos de tráfico», señaló.
En su discurso, el arzobispo fue tajante al afirmar que no puede existir una democracia verdadera y estable sin justicia social, sin la división real de los poderes y sin la vigencia del Estado Social de Derecho. «No puede haber democracia verdadera y estable sin justicia social, sin división real de los poderes y sin la vigencia del Estado Social de Derecho», subrayó.
Uno de los puntos más fuertes de la homilía fue la denuncia contra la concentración del poder, que según Martínez, se convierte en un obstáculo para el verdadero ejercicio democrático. «La concentración indebida del poder convierte a éste en excluyente y transforma la autoridad en autoritarismo», afirmó, explicando que el ejercicio autoritario y arbitrario del poder genera la vulneración de los derechos sociales, políticos y económicos fundamentales, creando un ambiente de miedo y sumisión en la sociedad.
Martínez hizo un llamado urgente a la necesidad de una justicia independiente, que actúe con rectitud y honestidad, sin estar sometida a intereses políticos o económicos. «Una justicia independiente, con probada rectitud, honestidad, sin sometimientos y patriotismo, debe constituirse en la salvaguarda y garantía de nuestro sistema democrático», remarcó el arzobispo. En este contexto, insistió en que «sin una justicia independiente del poder político y económico, los poderes estarán sometiendo a los pobres, pequeños, los vulnerables, los niños, mujeres, ancianos, los discapacitados, los jubilados, los indígenas, incluso los que piensan diferente no tienen garantizados sus derechos».
Para finalizar, Martínez subrayó que la justicia no debe ser un privilegio para unos pocos, sino un derecho fundamental para todos los ciudadanos, independientemente de su estatus económico o político. «El clamor por una justicia para todos, pronta y sin distinciones económicas o de poder, debe ser una realidad», concluyó.
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