Esta decisión se produce en medio de tensiones bilaterales entre Estados Unidos y España, marcadas por desacuerdos sobre el gasto militar en la OTAN, el contrato del gobierno de Pedro Sánchez con la empresa china Huawei y la percepción de un acercamiento de España al régimen venezolano.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, busca aliados como México, Canadá, Italia, Reino Unido y Francia para reforzar el despliegue militar en el Caribe, que incluye tres destructores, un submarino nuclear, aviones de reconocimiento y más de 4.000 efectivos.
El objetivo es desmantelar la capacidad operativa del narcotráfico venezolano, destruyendo pistas de aterrizaje, puentes, puertos y depósitos de armas y combustible. “Estamos construyendo una coalición internacional contra este flagelo”, afirmó Rubio, destacando el apoyo de países como Argentina, Ecuador, Paraguay, Guyana y Trinidad y Tobago. Sin embargo, España, reconocida por su experiencia en la lucha contra el narcotráfico, no figura en estas conversaciones.
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