Durante la primera visita a la granja, los felinos ya eran visibles en el jardín delantero, no obstante, en ese momento, la permanencia de los animales no estaba asegurada, pues los agentes inmobiliarios aseguraron que no estarían allí para cuando la pareja se mudara. Sin embargo, Loewke solicitó expresamente que los gatos pudieran permanecer en la propiedad.
“Una vez que aceptaron nuestra oferta por la casa, mi novio se encargó de solicitar que los gatos se quedaran”, explicó Bott. Aunque ella no tenía experiencia previa con felinos, su trabajo reciente en la Granja Lollypop de la Sociedad Protectora de Animales en Rochester le permitió tomar la decisión de asumir su cuidado inmediato, esterilizarlos y vacunarlos, e incluso, si era necesario, buscarles un nuevo hogar, aunque lo último nunca fue necesario.
Fuente: Infobae.com
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