Nasseri quedó atrapado en el aeropuerto parisino desde 1988, tras perder —o entregar voluntariamente, según versiones— sus documentos de refugiado otorgados por Bélgica en 1981. Sin papeles válidos, Francia no podía deportarlo ni permitirle ingresar legalmente al país. Una corte francesa dictaminó en 1992 que había entrado como refugiado, pero no obligó al gobierno a otorgarle visa. “Fue pura burocracia”, declaró entonces su abogado, Christian Bourget.
A lo largo de casi dos décadas, el aeropuerto se convirtió en su hogar. Dormía en bancos rojos unidos, usaba una mesa de fórmica blanca como escritorio y mantenía su ropa limpia, bigote prolijo y equipaje ordenado en valijas y cajas de Lufthansa. Su rutina era invariable: croissant de huevo y jamón en McDonald’s al desayuno, sándwich de pescado por la noche, siempre con propina. “Alfred no era, para decirlo sin rodeos, un vagabundo”, escribió el cineasta Paul Berczeller, quien lo acompañó un año para el documental Here to Where (2001).
El director describió su espacio vital: “El banco rojo de Alfred era el único ancla en su vida. Era su cama, sala de estar y sede corporativa. (…) Desde el momento en que me senté a su lado sentí la fuerza de su dignidad. Alfred parecía totalmente satisfecho consigo mismo. (…) En cierto sentido, era un hombre más libre que la mayoría”.
Nacido en Soleiman, Irán, en 1945, Nasseri abandonó su país en 1974 tras ser arrestado y torturado por el Savak durante protestas contra el Sha. Estudió en Inglaterra, pero al regresar fue despojado de su nacionalidad. Tras peregrinar por Europa, obtuvo asilo en Bélgica, pero un giro migratorio lo dejó varado en París.
Su fama atrajo a periodistas, turistas y cineastas. Insistía en ser llamado “Sir Alfred”, alegando una madre escocesa nunca confirmada. En 2004, Steven Spielberg estrenó La Terminal, con Tom Hanks como Viktor Navorski, un viajero ficticio atrapado en un aeropuerto neoyorquino por una crisis diplomática, inspirado directamente en Nasseri.
Pese a ofertas para regularizar su situación —incluida una visa francesa en 1999 y la devolución de papeles belgas en 1995—, Nasseri se negó a abandonar la Terminal 1. Su único deseo era llegar al Reino Unido. Solo dejó el aeropuerto en 2006 por problemas de salud, siendo internado y luego alojado en un centro de acogida Emmaus en París.
Regresó al Charles de Gaulle poco antes de su muerte. A los 77 años, sufrió un paro cardíaco en el mismo lugar donde vivió como “Sir Alfred”, en su pequeño reino de bancos rojos y rutinas inquebrantables.
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