“‘No quedará piedra sobre piedra’ no se refiere solo al templo de Jerusalén, sino a todas las apariencias de este mundo. Todo es pasajero”, enfatizó el prelado, citando a San Pablo para exhortar a la “vigilancia” y a ser “peregrinos en camino”, en vez de “estatuas estáticas que solo critican”.
Trabajo: don y cruz
Monseñor Valenzuela dedicó buena parte de su predicación al trabajo, “ es parte de la naturaleza humana, no castigo”. Recordó que Jesús dedicó 20 años a la carpintería y solo tres a su ministerio público, y citó: “Mi Padre trabaja y yo también trabajo”. Para el obispo, laborar es “participación creadora de Dios, acción redentora de Cristo y realización del hombre”.
Sin embargo, advirtió que el pecado lo pervierte: “Caín y Abel protagonizan el primer conflicto laboral; agricultores y pastores chocaron por intereses. El primer homicidio nació de un problema en el trabajo”.
Desocupación y exceso laboral
El prelado alertó sobre dos extremos negativos:
- Desocupación: “El hombre sin trabajo se siente inútil, pierde autoestima y la estima de los suyos”. Llamó a los cristianos a actuar con “responsabilidad”: dentro del hogar, levantando la dignidad de la persona; fuera, “solicitando y apoyando reformas estructurales” contra el desempleo.
- Exceso de trabajo: “Cuando se erige en ídolo, incluso el sábado y domingo”. Criticó a quienes solo hablan de trabajo en casa y acumulan sin medida: “El trabajo es para el hombre, no el hombre para el trabajo. ¿De qué sirve acumular si al final lo perdemos todo? Eso también quita empleo a otros”. A los hijos les pidió: “Hagan comprender a papá que necesitan algo distinto al dinero”.
Empresarios que santifican
Valenzuela cerró con una nota esperanzadora: “Existen empresarios que buscan santificar a sus obreros; uno puede pensar que no, pero existen”.
Pidió a la Virgen de Caacupé “ayuda para luchar por un trabajo digno, signo de Dios y no de esclavitud”.
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