“‘Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino’, es lo que dijo uno de los dos ladrones que estaba crucificado también. Quiere decir que es posible siempre la conversión. Todos estamos llamados a la conversión y nadie puede decir ‘yo no soy pecador y no le voy a decir eso a Jesucristo’. Todos somos pecadores y podemos disponer de la gracia de la conversión”, afirmó el prelado.
Monseñor Giménez recordó que mientras un ladrón se sumaba a las burlas, el otro lo reprendió: “Ni siquiera respetas a Dios; nosotros padecemos justamente, recibimos lo merecido, pero Él no hizo nada”. Y agregó: “Ellos estaban por morir, los tres juntos. Aún en la muerte este ladrón reconoció la inocencia del Señor y fue ahí donde Jesús le dijo: ‘Te aseguro que hoy mismo estarás en el Paraíso’”.
“Hasta el último momento nosotros podemos entregarnos definitivamente a Dios y reconocer nuestros pecados y cambiar por lo menos al final. Pero ante Dios eso vale oro y vale todo el Reino”, enfatizó.
El obispo emérito resaltó que Jesús no aplicó la ley del talión (“ojo por ojo”) sino lo que Él mismo enseñó: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los maltratan. “Son todas las cosas que, si no tenemos una gracia especial o si el Espíritu Santo no actúa muy fuerte en cada corazón, decimos: mejor no hacerlo”.
“Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso”, citó Giménez, y subrayó que “esto tiene que empezar evidentemente en la familia”. “Si en la familia no aprendemos en la cuna, después de grande vamos a pedir que los demás hagan buenas cosas y ya es difícil si no hubo una buena enseñanza en la familia. Los papás son los que deben dar ese ejemplo. La evangelización empieza en la familia”.
Recordó también las palabras de San Juan Pablo II en Caacupé: “Hoy empieza aquí la nueva evangelización en Paraguay”, pronunciadas por “nada más y nada menos que un santo y Papa”.
Finalmente, Monseñor Giménez insistió: “Ese Reino tiene valores muy claros: reino de verdad y de vida (‘yo prometo no mentir y no matar y cumplo con mi palabra’). ¿Acaso Jesús no va a perdonar a un cristiano si perdonó a un ladrón que se convirtió? También es reino de justicia: si yo prometo ser justo, dejar de ser corrupto, dejar de ser ladrón… ¿acaso no te va a perdonar si perdonó a un delincuente?”.
“Es posible la conversión. ¿Y por qué no decidirnos en algún momento a hacer eso que Dios quiere para nosotros? El Reino de Jesús es de amor y de paz”, concluyó el obispo emérito.
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