En entrevista con Ñanduti, Tovar explicó que este cambio representa un giro importante respecto a las recomendaciones históricas impulsadas desde la década de 1990, cuando las directrices oficiales priorizaban el consumo de carbohidratos como pastas, pan y otros derivados de harinas, relegando a un segundo plano las carnes y las grasas.
Según la especialista, esas políticas alimentarias tuvieron un fuerte impacto en los hábitos de consumo tanto en Estados Unidos como en otros países de la región. “El sistema de salud de Estados Unidos está totalmente desbordado. Más o menos el 90 % de su presupuesto cubre a personas con enfermedades crónicas que son prevenibles, como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares”, afirmó.
Tovar señaló que este escenario impulsó lo que describió como una “revolución” en materia nutricional. “Hay que tener mucha fuerza para ir en contra de toda la industria alimentaria”, sostuvo, aludiendo a los intereses económicos detrás de los alimentos ultraprocesados.
Asimismo, indicó que estos debates no son nuevos dentro del ámbito académico y profesional. “Con un grupo de nutricionistas venimos hablando de esto hace varios años”, comentó, al mencionar estudios y formaciones enfocadas en la transición nutricional del siglo XXI.
Finalmente, la nutricionista destacó que el desafío no solo es modificar las recomendaciones, sino también hacer accesibles los alimentos saludables, considerando que los costos y la disponibilidad influyen directamente en las decisiones alimentarias de las familias.

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