Uno de los principales factores involucrados es la oxitocina, un neuropéptido producido en el hipotálamo y liberado por la glándula pituitaria. De acuerdo con investigaciones publicadas en Nature Reviews Neuroscience, la oxitocina se libera durante el contacto físico, los abrazos, las caricias y los vínculos afectivos estables.
Esta hormona tiene efectos ansiolíticos y sedantes, ya que reduce la actividad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, responsable de la respuesta al estrés, y disminuye los niveles de cortisol, favoreciendo la relajación y la somnolencia.
A nivel fisiológico, la presencia de una pareja activa el sistema nervioso parasimpático, encargado de las funciones de descanso, digestión y recuperación. Según la American Psychological Association (APA), cuando este sistema predomina, se reduce la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la tensión muscular, creando un estado corporal similar al que precede al sueño. Este cambio ocurre especialmente cuando la persona se siente emocionalmente segura.
Otro componente clave es la reducción de la hipervigilancia cerebral. Estudios de neurociencia social señalan que en contextos sociales demandantes el cerebro mantiene una alta actividad en la corteza prefrontal para interpretar estímulos y conductas.
Sin embargo, investigaciones publicadas en Social Cognitive and Affective Neuroscience indican que la cercanía con una figura de apego disminuye esta carga cognitiva, lo que reduce el consumo de energía cerebral y favorece estados de reposo.

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