Sobre el stronismo, Neri Farina criticó la narrativa oficial que reduce la historia nacional a “la colonia, la independencia, la Guerra de la Triple Alianza y la del Chaco”, y recordó su disputa con el historiador Luis Benítez, a quien acusó de haber “estructurado la historia cristiana del estronismo, marcando qué saber y qué ocultar”.
Celebró que actualmente “se está removiendo eso”, pero insistió: “No se puede hacer historia con adjetivos ni siendo barra brava de un pensamiento. El historiador debe mantener distancia de sus pasiones”. Para escribir sobre Stroessner —a quien cubrió como periodista y describió como “una incógnita”—, recopiló documentos de exiliados del Mopoco y fuentes del régimen, lo que le permitió estructurar su crónica en 1998, tarea que demandó cinco años.
En cuanto a Duarte Penayo, quien calificó la dictadura stronista como “más benigna” en muertes y se negó a retractarse, Neri Farina lo tildó de “infeliz e impensado en alguien de su formación”. “Es como justificar algunas muertes”, afirmó, y cuestionó: “Le falló la dialéctica: es erudito, pero no culto”.
Advirtió que esos dichos “despertaron temor” porque “pueden preparar el terreno para justificar una nueva forma de dictadura”. “Hoy vivimos una dictadura distinta: todas las instituciones en una mano. El Ejecutivo maneja Judicial y Legislativo. Ningún juez decide sin mirar al Quincho. Nuestras instituciones están tan débiles como antes del 89. Eso es el huevo de la serpiente”, concluyó, calificando los comentarios como “inconducentes”.

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