Ellos no terminan el Carnaval enterrando la sardina, como se hace en Portugal o España, sino desfilando y bailando en la calle al ritmo de samba, lo que ha transformado esta fiesta en Lisboa.
Los blocos, agrupaciones que desfilan disfrazadas de una misma temática, semejantes a las comparsas, toman las calles no solo para celebrar, sino también como altavoces para sus luchas sociales.
Tiago, de 32 años y que lleva una década en la capital, forma parte desde 2019 del bloco Colombina Clandestina, uno de los más importantes de la escena carnavalera en la ciudad. En su momento entró porque quería aprender a tocar el tamboril, y ahora es el bajista principal.
En declaraciones a EFE, afirmó que los objetivos de su grupo, más allá de desfilar, es contribuir a «combatir el racismo, la xenofobia, el fascismo y la misoginia».
«La nueva escena del Carnaval nació hace cerca de diez años, con una vertiente cultural migrante muy fuerte y una dificultad muy grande de obtener legitimidad por ser de una fuerza migrante», dijo.
Brasil es el lugar del que proceden más inmigrantes en Portugal, con casi un tercio de los 1,5 millones de extranjeros que residían en el país en 2024 de nacionalidad brasileña, según datos oficiales.
Fuente: Agencia EFE

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