Todo comenzó el 24 de junio de 2015 en el Parque Nacional de Kibale (Uganda), cuando los investigadores observaron un cambio radical en el comportamiento de estos primates. “Fue cuando vimos el primer caso de individuos de diferentes vecindarios del grupo tratándose como extraños”, explica Aaron Sandel, primatólogo de la Universidad de Texas en Austin y primer autor del estudio publicado en la revista Science.
Ese día, mientras observaba al grupo occidental, Sandel presenció cómo los chimpancés reaccionaron con nerviosismo y miedo al oír a miembros del vecindario central. En lugar de reunirse como era habitual, se mantuvieron callados, se tocaron para tranquilizarse y, cuando los del grupo central se acercaron, huyeron perseguidos por estos. Durante seis semanas, ambos subgrupos se evitaron mutuamente, algo que nunca antes había ocurrido en esta comunidad que durante décadas había convivido en relativa armonía.
La comunidad Ngogo, que llegó a contar con alrededor de 200 individuos, era considerada un verdadero “paraíso” para los chimpancés: ubicada en el centro del parque nacional, sin depredadores naturales ni presión humana cercana, y con abundante alimento que permitió un fuerte crecimiento demográfico. Sin embargo, a partir de 2015, la comunidad se fracturó en dos: el grupo central (mayoritario, con 30 machos y 39 hembras adultas) y el grupo occidental (con alrededor de treinta adultos).
Las interacciones amistosas —como caricias, mimos y despioje— que antes eran frecuentes, disminuyeron drásticamente. La segregación se consolidó con el relevo de los machos alfa y el último vínculo se rompió en 2018, cuando nació la última cría producto de una unión entre un macho occidental y una hembra central.
A partir de entonces, comenzó la violencia. En enero de 2018 se registró el primer ataque letal: tres machos del grupo occidental mataron a golpes y mordiscos a un joven de 15 años del grupo central llamado Erroll. Desde ese momento, al menos otros seis adultos han sido asesinados. En 2021 la violencia escaló con el asesinato de crías, sumando ya 14 pequeños muertos. Los investigadores han documentado además otros 14 fallecimientos por causas no naturales, todos pertenecientes al grupo central, que triplicaba en número al occidental.
El antropólogo Brian Wood, de la Universidad de California en Los Ángeles, explica que, una vez producida la división, los chimpancés centrales se convirtieron en los principales rivales del grupo occidental por los recursos. “Desde la perspectiva del grupo occidental, los chimpancés centrales se convirtieron en sus rivales más importantes. Eran los vecinos que les arrebataban la comida que deseaban”, señala.

Wood añade que este comportamiento se explica desde la teoría darwinista: “La aptitud darwiniana no se limita a contar cuánta descendencia se produce, sino que es una medida relativa. Se puede aumentar la aptitud propia no solo incrementando la supervivencia de los propios, sino también disminuyendo la de los competidores”. En sus palabras: “Eso es precisamente lo que han hecho los chimpancés occidentales: han diezmado al grupo central, reduciendo significativamente su supervivencia”.
De hecho, los chimpancés del grupo central presentan ahora la menor tasa de supervivencia jamás documentada en una comunidad de chimpancés salvajes.
Aunque algunos investigadores prefieren no denominarlo “guerra civil” porque la fase letal ocurrió cuando ya se habían convertido en dos grupos separados, el primatólogo Josep Call, de la Universidad de St. Andrews, destaca la crudeza del proceso: “La clave es cómo unos individuos con los que has convivido toda la vida, ahora los tratas como desconocidos, ahora son el otro”.
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