Su cadáver puede convertirse en un suelo fértil gracias a la terramación

Kristoffer Hughes, druida practicante y jefe de la Anglesey Druid Order en Gales, lleva 32 años trabajando con los muertos y considera que la sociedad actual está gestionando la muerte de forma equivocada. Según él, los cadáveres son tratados como “un problema que hay que resolver”: se embalsaman con formaldehído, se creman liberando en promedio 280 kg de CO2 por cuerpo a la atmósfera, o se entierran en ataúdes ornamentados a casi dos metros de profundidad dentro de tumbas revestidas de hormigón, generando metano en lugar de permitir que la tierra y el oxígeno hagan su trabajo.

Como druida, Hughes encuentra que esta visión de la muerte como un final absoluto no encaja con su filosofía de vida, muerte y renacimiento. “Este cuerpo no es algo que podamos conservar. Como anatomista, siempre he considerado que cada una de las moléculas de nuestro cuerpo nos es prestada en un ‘programa universal de préstamo cuántico’. Y cuando morimos, es nuestra responsabilidad devolver esas moléculas a la tierra que nos las proporcionó en primer lugar”, explica.

Al descubrir el compostaje humano, Hughes asegura que “me explotó la cabeza por completo”. Este método ecológico transforma el cuerpo en un suelo hermoso y nutrientemente rico, generando alrededor de un 90% menos de CO2 que la cremación y sin utilizar productos químicos de embalsamamiento que puedan contaminar los acuíferos.

“Como druida, la idea de convertirme en un regalo, y no en una carga, de que mi muerte no será el final, me llena de alegría”, afirma.

Para acercarse a la experiencia, Hughes participó en el rodaje de la serie de televisión galés ‘Marw gyda Kris’ (‘Death with Kris’), donde asistió a su propio funeral en Return Home, un centro de compostaje humano en las afueras de Seattle. Fue sellado en una cámara de acero inoxidable completamente oscura, junto a alfalfa, paja y virutas de madera.

Aunque al principio fue “momentáneamente aterrador”, pronto tuvo “un momento de auténtica epifanía”. “Sentí una calma inmensa, como si me envolviera un edredón de materiales naturales y orgánicos”, relata, mientras percibía “un olor a verano” dentro del recipiente.

Hughes ve en la terramación una forma de cerrar el ciclo natural: morir no como un final, sino como un renacimiento en forma de suelo fértil.


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