La agencia de eventos Ma.De Milán (también conocida como Madeluxuryconcierge) organizaba fiestas de lujo en hoteles, discotecas y locales exclusivos de Milán, donde ofrecía servicios de acompañantes sexuales, “jóvenes de imagen” y consumo de drogas como el óxido nitroso (conocido como “gas de la risa” o “droga de la risa”), una sustancia que no figura en los controles antidoping.
La jueza de instrucción Chiara Valori ordenó el arresto domiciliario de cuatro personas acusadas de dirigir la organización: Emanuele Buttini y Deborah Ronchi (considerados los “promotores y cabecillas”), además de Alessio Salamone y Luz Luan Amilton Fraga. Se les imputan delitos de asociación ilícita, favorecimiento y explotación de la prostitución.
Según la investigación, Buttini y Salamone mantenían contactos directos con futbolistas de renombre internacional y gestionaban a alrededor de un centenar de jóvenes (la mayoría entre 18 y 20 años), decidiendo tanto su presencia en las fiestas como los encuentros privados. La organización cobraba sumas elevadas por paquetes “todo incluido” y retenía hasta el 50% de lo que ganaban las chicas.
Los nombres que trascendieron
Aunque ser cliente no constituye delito en Italia y los futbolistas no están imputados, los primeros nombres de jugadores que habrían asistido a estas fiestas o contratado los servicios comenzaron a filtrarse en los medios italianos:
- Daniel Maldini (hijo del histórico Paolo Maldini)
- Dean Huijsen (defensor del Real Madrid)
- Víctor Osimhen (delantero nigeriano, ex Napoli y actualmente en Galatasaray)
- Luca Pellegrini y Matteo Cancellieri (ambos de Lazio)
- Alessandro Buongiorno (Napoli y selección italiana)
- Samuele Ricci (AC Milan)
Los reportes mencionan además jugadores de clubes como Inter, Milan, Juventus, Sassuolo, Hellas Verona, Torino y Monza (Serie B), entre otros. También se habla de un exfutbolista de Lazio e Inter cuyos datos aparecieron en contactos telefónicos.
La agencia publicitaba sus servicios en Instagram con imágenes de hoteles de lujo en Milán, Mykonos y Saint Barth, aunque muchas publicaciones fueron borradas tras el escándalo.
La investigación reveló que las fiestas continuaron incluso durante los meses más estrictos de la pandemia de COVID-19. Una de las jóvenes involucradas describió cómo vivían en un apartamento en Cinisello Balsamo (donde operaba la empresa), con una discoteca ilegal y bajo fuerte control de los organizadores.
Por el momento, la Justicia se enfoca en los organizadores de la red. Los deportistas figuran solo como clientes y no enfrentan cargos penales, aunque el caso ha generado un fuerte impacto en el fútbol italiano.
La investigación continúa para determinar la magnitud exacta del entramado, el rol de las drogas y posibles vínculos con otros eventos en destinos de lujo.

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