Para abrir la presentación elegimos estos versos del representante del movimiento del Nuevo cancionero paraguayo, Juan Manuel Marcos, de su poema “A la residenta”, que resumen esa etapa dolorosa del Paraguay:
Y ya ves compañera, la Patria está en llamas
Préstanos tu mirada y tu cántaro seco
El arado cansado y el sudor de tu frente
Residenta de fuego, mujer de manos claras.
Este es un libro que se abre y ya no se puede soltar. No es un libro de batallas. Es un libro de archivos.
Durante décadas se nos dijo que la Guerra de la Triple Alianza fue un asunto de cuatro países y que el Paraguay fue el agresor. Fue la historia contada por los vencedores, prolija y con pretensión de civilizadora, que presentó al Paraguay como una horda de salvajes guiado por un tirano sanguinario Mariscal López, para justificar su destrucción.
El final lo conocemos: Cerro Corá, 1 de marzo de 1870.

Scavone propone otra lectura. El libro, como él mismo aclara, es una compilación de trabajos ya publicados que, reunidos, adquieren un nuevo sentido. No se limita a Bolivia, Colombia o Perú por separado, sino que ofrece la mirada completa de los países que se mantuvieron neutrales y que, por eso mismo, pudieron ver con mayor claridad.
Como señala, el punto de quiebre fue la publicación del Tratado secreto del 1º de mayo de 1865. Ese documento hizo caer la máscara.
Mientras declaraba respetar la soberanía paraguaya, establecía que se impondrían límites territoriales, que se cobraría el costo total de la guerra, que se abrirían los ríos a la fuerza, que se desarmaría al país y que no habría paz sin la caída de López. No era un tratado de paz, era la ley del vencido.
La revelación provocó una condena generalizada en América. Desde el Congreso de Panamá, el continente había defendido los principios de soberanía, integridad territorial y no intervención.
La alianza de dos repúblicas americanas con la única monarquía del continente, el Brasil imperial, para aplastar a otra república, resultó un contrasentido, más aún cuando varios países enfrentaban la agresión de España y la imposición de Maximiliano en México.

La reacción de los neutrales fue documentada por Scavone en archivos de La Paz, Bogotá y Lima, ciudades donde trabajó como diplomático:
Bolivia, vecina del Chaco, reclamó que el tratado afectaba directamente sus intereses. Y en los hechos, personas y mercaderías continuaron cruzando hacia el Paraguay durante la guerra.
Colombia, a pesar de la distancia, tuvo la posición más firme. Protestó contra el tratado secreto y en 1870, cuando el Paraguay era dado por muerto, su Congreso emitió el histórico decreto en honor al pueblo paraguayo y a la memoria del mariscal López. De ese acto nace la memoria popular de la doble nacionalidad.
Perú, a través de su enviado Benigno Vigil, intentó una mediación junto a Chile, Ecuador y Bolivia.
Para la diplomacia del Pacífico, la guerra contradecía el espíritu americanista de la época.
Argentina y Brasil atribuyeron estas críticas al odio a la monarquía. Sin embargo, como demuestra Scavone con documentos, en toda América, de Venezuela a Chile, se señalaba otro móvil: la vieja política portuguesa de expansión territorial del Brasil.
Por eso presentamos este libro en la biblioteca. Porque es fruto de un trabajo de archivo y de la experiencia directa de un autor que sirvió como embajador en Colombia y como funcionario en Bolivia, Perú, Chile y México. No escribe desde afuera.
Y porque hoy, cuando se intenta repetir que el Paraguay fue el único invasor, esta obra prueba que no estuvimos solos. Hubo voces que dijeron que no.
Los pueblos que olvidan su historia corren el riesgo de repetirla.
Presentamos este libro para que los jóvenes que llegan a la biblioteca sepan que aquella residenta de manos claras, que sostuvo la Patria en llamas, no la sostuvo sola. En los Andes, hubo otras miradas que la acompañaron.

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