Accidentes en moto cuestan hasta G. 20 millones por día y Salud advierte que Trauma ya no da abasto

Desde hace tiempo se viene advirtiendo que los accidentes de motocicleta dejaron de ser solamente un problema de seguridad vial para convertirse también en una fuerte carga para el sistema público de salud. La elevada cantidad de víctimas, el costo de las internaciones y las secuelas que requieren tratamientos prolongados ejercen una presión creciente sobre los recursos del Estado y, particularmente, sobre el Hospital de Trauma, principal centro de referencia para este tipo de pacientes.

La dimensión del problema se refleja en las cifras. Durante 2025, el Hospital de Trauma atendió a 11.550 personas involucradas en siniestros viales y el 79% de ellas eran motociclistas. Esto significa que prácticamente ocho de cada diez víctimas atendidas por accidentes de tránsito se desplazaban en motocicleta, una proporción que explica buena parte de la demanda que soporta diariamente el establecimiento.

A esa presión asistencial se suma el costo económico. El director general del Hospital de Trauma, Juan Manuel Fernández Valdovinos, señaló que cada paciente internado en sala común demanda entre G. 8 millones y G. 10 millones por día, mientras que el costo de una internación en terapia intensiva se ubica entre G. 15 millones y G. 20 millones diarios. Estos montos, además, no incluyen los medicamentos utilizados durante el tratamiento.

La factura para el sistema sanitario tampoco termina necesariamente cuando el paciente recibe el alta. Fernández Valdovinos indicó que entre el 20% y el 30% de los motociclistas accidentados queda con algún tipo de discapacidad, en su mayoría de carácter neurológico. Los casos más graves pueden requerir rehabilitación, controles médicos y asistencia durante largos periodos, extendiendo las consecuencias sanitarias, sociales y económicas mucho más allá de la atención de urgencia.

Otro factor que agrava el impacto es la edad de las víctimas. De acuerdo con el director del Hospital de Trauma, la gran mayoría tiene menos de 40 años. Se trata, por tanto, de una población joven y en edad laboral, por lo que las lesiones graves y las discapacidades no solo repercuten sobre los pacientes y sus familias, sino que también pueden generar una demanda prolongada de servicios sanitarios y sociales.

Otro hospital de trauma
El ministro de Salud, Isaías Fretes, constató esta situación durante un recorrido por el Hospital de Trauma y sostuvo que la magnitud de la demanda obliga a pensar en una respuesta estructural. “Acá hay una realidad, hay que tener otro Hospital de Trauma. Hay que hacer una fuerte campaña de concienciación”, afirmó.

La necesidad de un segundo centro especializado refleja hasta qué punto los siniestros viales, y especialmente los protagonizados por motociclistas, condicionan actualmente la capacidad de respuesta del sistema.

La preocupación de las autoridades no se limita, sin embargo, a ampliar la infraestructura hospitalaria para atender a más accidentados. Fretes planteó también intervenir sobre una de las herramientas básicas de prevención de lesiones graves: el casco.
El ministro informó que presentó a legisladores una propuesta para endurecer los controles sobre su uso obligatorio, dentro de una campaña destinada a reducir las consecuencias de los accidentes.

“Lo normal debe ser usar casco”, sostuvo Fretes, quien señaló que planteó el tema como un desafío a los parlamentarios. El objetivo es que el cumplimiento de esta medida de seguridad deje de depender exclusivamente de decisiones individuales y tenga un acompañamiento más firme de los organismos responsables del control.

Los números del Hospital de Trauma muestran así una problemática que excede al motociclista accidentado. Cada siniestro grave puede significar días o semanas de internación, ocupación de camas de terapia intensiva, utilización de personal especializado y recursos públicos que deben destinarse a la atención de lesiones que, en muchos casos, pueden reducirse mediante medidas de prevención.

El desafío para el Estado aparece entonces en dos frentes: aumentar la capacidad del sistema sanitario para responder a una demanda que ya es elevada y, al mismo tiempo, reducir la cantidad y gravedad de los accidentes.

La propuesta de otro Hospital de Trauma apunta al primero; el mayor control del casco y las campañas de concienciación, al segundo. En ambos casos, las cifras revelan que los siniestros en motocicleta ya constituyen un problema sanitario de alcance nacional.


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