Según el Informe de las Finanzas Públicas del Paraguay 2026, elaborado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el país enfrenta una presión tributaria inferior a la de sus pares regionales, una elevada informalidad y una estructura de beneficios tributarios que requiere evaluaciones periódicas. A estos factores se suman las perspectivas de menores ingresos provenientes de las entidades binacionales durante los próximos años.
Conforme se menciona en el documento, en 2025, los ingresos tributarios de la Administración Central representaron el 11,2% del Producto Interno Bruto (PIB), luego de aumentar 1,2 puntos porcentuales en 2024. No obstante, el indicador continúa por debajo del promedio de 17,7% del PIB registrado por los pares regionales, según el FMI, y del 18% correspondiente a las economías emergentes.
La diferencia con los países de la región alcanza aproximadamente 6,5 puntos porcentuales del PIB, una brecha que, de acuerdo con el análisis del FMI citado por el MEF, está relacionada, entre otros factores, con las tasas impositivas vigentes y los gastos tributarios asociados a deducciones y alícuotas reducidas del Impuesto al Valor Agregado (IVA).
Concentración de impuestos indirectos
La estructura tributaria paraguaya se caracteriza por una elevada participación de los impuestos indirectos y de los tributos vinculados al comercio exterior. En 2025, la recaudación total alcanzó G. 41,5 billones, de los cuales el 60% correspondió a impuestos internos y el 40% a tributos sobre el comercio exterior.
Según el informe, por tipo de impuesto, los indirectos representaron el 72,7% de la recaudación, mientras que los directos explicaron el 27,3%, lo que vuelve a los ingresos fiscales sensibles a las variaciones cambiarias, particularmente por el efecto del tipo de cambio sobre los tributos aduaneros.
Asimismo, a junio de 2026, la recaudación acumulada de los impuestos internos creció 11,6%, mientras que los ingresos aduaneros disminuyeron 13,3% y los ingresos no tributarios cayeron 5,2%. Según el MEF, la apreciación del guaraní contribuyó a que la presión tributaria se mantuviera en torno al 11% del PIB, pese al crecimiento de los impuestos internos.
En cuanto a las perspectivas de mediano plazo, el MEF proyecta que los ingresos tributarios de la Administración Central se ubiquen en el 11% del PIB en 2026 y aumenten gradualmente hasta el 12% en 2031. Esta trayectoria se sustenta, afirma el documento, en la continuidad de las mejoras en la administración tributaria y en la expansión de la base imponible.
La informalidad y su impacto
Por otro lado, en el documento se destaca que la informalidad constituye otro obstáculo para incrementar los ingresos públicos, principalmente atendiendo a que según datos del INE, la informalidad laboral alcanzó el 60,1% de la ocupación en 2025, pese a la creación de 64.000 nuevos empleos formales durante ese año y de más de 111.000 desde julio de 2023.
Además, según el análisis del FMI mencionado en el informe, los costos asociados a las contribuciones a la seguridad social y al cumplimiento de las obligaciones tributarias pueden “desincentivar la incorporación al sector formal” y a ello se suman características del sistema impositivo y de beneficios que podrían reducir los incentivos para formalizar actividades o declarar mayores ingresos.
En ese sentido el MEF cita que la informalidad y el incumplimiento tributario explicarían cerca del 60% de la brecha entre la recaudación efectiva y el potencial recaudatorio, y ante este escenario, identifica oportunidades para fortalecer la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT), como la expansión de la facturación electrónica, la mejora de los sistemas de gestión de riesgos y la modernización de los controles tributarios y aduaneros.
Binacionales y menores ingresos proyectados
El análisis además sostiene que a los desafíos relacionados con la recaudación tributaria se suma la evolución prevista de los recursos provenientes de Itaipú y Yacyretá. El MEF proyecta que los ingresos fiscales por royalties y compensaciones de ambas entidades pasarán de G. 3,45 billones en 2025 a G. 2,54 billones en 2026 y G. 1,88 billones en 2027. Para 2028, se estima una recuperación parcial de hasta G. 2,14 billones.
La disminución está vinculada, en parte, al aumento del consumo eléctrico paraguayo, que reduce el excedente de energía disponible para su cesión a Brasil y Argentina, así como la incidencia de las fluctuaciones de la generación hidroeléctrica y las variaciones del tipo de cambio.
En Itaipú, las compensaciones disminuirían de G. 2,10 billones en 2025 a G. 849.000 millones en 2027, antes de recuperarse parcialmente en 2028. El informe atribuye esta trayectoria, principalmente, a la reducción de los volúmenes de energía disponibles para cesión, en un contexto de mayor demanda interna.
Sin embargo, se aclara que dichas estimaciones están sujetas a supuestos climáticos, cambiarios y operativos. En el caso de Yacyretá, además, los cálculos posteriores a 2025 toman como referencia un acuerdo operativo provisorio, por lo que los montos proyectados no constituyen una tarifa definitiva para todo el periodo.
En esa línea las proyecciones del MEF sitúan la presión tributaria en el 11% del PIB en 2026 y prevén un aumento gradual hasta el 12% en 2031. En paralelo, señala que el resultado fiscal registraría un desvío transitorio en 2026 y 2027, asociado a la regularización de deudas y compromisos pendientes, y retornaría al límite del 1,5% del PIB establecido en la Ley de Responsabilidad Fiscal a partir de 2028.
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