La historiadora contó que durante gran parte del siglo XX, muchas élites lo consideraron antihigiénico y antimoderno; la infusión a menudo se consume en grupo y los participantes comparten el mismo recipiente y pajita, y la bebida se ha asociado durante mucho tiempo con la rusticidad, especialmente por los guaraníes.
«Aprendí en Paraguay sobre la yerba mate y me encantó. Traje a EE.UU. la guampa, la bombilla y termo, el tereré era algo diferente pero los yuyos en el agua y compartirlo, que es muy distinto a tomar café y me encantó», dijo.
Sarreal empezó a estudiar la historia de la yerba mate cuando realizaba un doctorado y vivía en Buenos Aires.»Cuando hice mi doctorado yo vivía en Argentina, en Buenos Aires y ahí empecé tomar de nuevo y me tomó el interés de estudiar la historia de la yerba mate».
«La yerba mate no les agradaba al principio a los Jesuítas, no habían visto algo así, tomaban vino, leche pero no algo parecido a la yerba mate. Los indigenas usaban la yerba mate en sus ceremonias para hablar con sus antepasados, para hacer matrimonios, la yerba mate tenía un rol importante en la religión y por eso los Jesuítas pensaban que era algo del demonio», relató.
«Como los Jesuítas creían que eran algo del demonio intentaron prohibirle a los indígenas, un jesuíta mandó una carta a la Santa Adquisición de Perú para que se prohiba la yerba mate pero no funcionó», comentó.
Otra cosa que Sarreal considera importante comprender son los origenes, durante su año en Argentina, pasó seis semanas en la provincia de Misiones, donde se produce gran parte de la yerba mate. Allí conoció empresas y conoció todos los aspectos del proceso productivo.
«Primero la palabra indígena Ka’a, los españoles cambiaron desde el principio a yerba o yerba del Paraguay. Yerba mate tiene importancia desde el siglo XX cuando Argentina empezó a cultivar», finalizó.
