El alcohol causa riesgos en la salud, incluso en pequeñas cantidades, advierten estudios

Una de las adicciones que recibe menos visibilidad es el alcoholismo. Veamos algunos datos de la magnitud del problema: según diferentes fuentes, la Argentina es el primer o segundo país en consumo de alcohol en América Latina, donde mueren alrededor de 8000 personas por patologías relacionadas con el alcohol.

Esta cifra es si no se toma en cuenta que, en accidentes de tránsito, aquellos relacionados con consumo de alcohol son abrumadoramente superiores a los que no, o los actos de violencia doméstica, o las diversas formas de violencia.

Contra una creencia popular, no son las drogas el mayor peligro en actos delictivos, sino el alcohol, el cual, por supuesto, sirve como ingreso en el consumo de sustancias más “problemáticas”.

Existe, sin embargo, un sesgo cultural y es que el alcohol ha formado parte de nuestra cultura desde el inicio de los tiempos, toda vez que inclusive era una forma de hidratarse en épocas de escaso acceso a fuentes de aguas no contaminadas.

Por otro lado, y al impulso de una fuerte y poderosa industria, se generó narrativa positiva respecto al alcohol, mostrándola al consumo como un medio de pertenencia, a un grupo o inclusive a una cultura.

Eso lleva a la pregunta que se nos hace en la consulta: ¿Cuánto alcohol es saludable o perjudicial? Este tema ha sido ampliamente debatido durante años: ¿Existe una cantidad “segura” de alcohol que se pueda consumir sin riesgos significativos para la salud? En los últimos tiempos y con base en múltiples publicaciones, la respuesta sugiere que cualquier cantidad de alcohol puede ser perjudicial, en las siguientes áreas:

  1. Riesgo de cáncer: El alcohol ha sido clasificado como un carcinógeno del Grupo 1 por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. Esto significa que hay suficiente evidencia para afirmar que el alcohol puede causar cáncer en humanos. Los tipos de cáncer más comunes asociados con el consumo de alcohol incluyen el cáncer de mama, hígado, colon y esófago.
  2. Enfermedades cardiovasculares: Este es un tema particular, ya que algunos estudios han sugerido que el consumo moderado de alcohol, especialmente vino tinto, podría tener beneficios para la salud cardiovascular, pero hoy se considera a la evidencia no concluyente y de alguna manera se logran los mismos beneficios con alimentación específica, ejercicio y eventualmente el suplemento de polifenoles, entre los que se encuentran, por ejemplo, el resveratrol (no flavonoide) y la quercetina (flavonoide). Como ambos se encuentran en los vinos rojos, se dice que el consumo moderado (máximo, una copa al día) es saludable. Otra literatura señala que a pesar de esos productos, el efecto es negativo.
  3. Daño hepático: Si bien se puede llegar a enfermedades hepáticas graves, como la cirrosis y la hepatitis alcohólica, incluso el consumo moderado altera la capacidad de actuar de ese laboratorio depurador que es el hígado de funcionar correctamente, llevando por ejemplo a fenómenos inflamatorios de todo tipo.

Por último, los que probablemente sean más evidentes que son los problemas mentales y conductuales. Quizás este sea el núcleo de la cuestión por los efectos neurológicos y en consecuencia comportamentales, de todo tipo. La presencia de cuadros concretos como ansiedad, depresión, trastornos de sueño está claramente comprobada, así como en particular las conductas de riesgo ligada al aspecto del alcohol como depresor del sistema nervioso.

Fuente:infobae.com


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