El peculiar “sexo a ciegas” de los pulpos: su brazo especial puede “saborear” hormonas para fecundar a la hembra

Durante el apareamiento, el macho introduce su hectocótilo en el manto de la hembra y lo mueve hasta localizar el oviducto para depositar el saco de esperma. Hasta ahora, los científicos no entendían cómo lograba encontrar el lugar exacto sin visión.

Los investigadores descubrieron que el hectocótilo está repleto de receptores quimio-táctiles (similares a los de las ventosas de los otros brazos) que le permiten “saborear” la progesterona, una hormona sexual producida por el oviducto de la hembra. De esta forma, el brazo actúa como una lengua sensorial que guía al macho con precisión.

El estudio, liderado por el profesor Nicholas Bellono de la Universidad de Harvard, mostró que el hectocótilo tiene hasta tres veces más receptores y neuronas que un brazo normal. Además, cuando se amputaron brazos especializados, estos seguían respondiendo químicamente a la progesterona, pero no a otras hormonas.

“ Tiene sentido que el brazo sea a la vez el sensor y el órgano de apareamiento, porque en estos encuentros fortuitos el macho tiene que localizar rápidamente a la hembra, encontrar el oviducto e iniciar o retirarse del apareamiento”, explicó Bellono.

Los pulpos son animales solitarios y a menudo agresivos, por lo que suelen aparearse a distancia. Los experimentos confirmaron que el macho puede introducir su hectocótilo a través de pequeños orificios y completar la fecundación incluso en total oscuridad.

Este hallazgo destaca la extraordinaria evolución de los cefalópodos y muestra cómo el hectocótilo cumple una doble función: sensorial y reproductiva, algo poco común en el reino animal.

El estudio abre nuevas puertas para entender el comportamiento reproductivo de estos fascinantes moluscos.


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