La propuesta, publicada en un estudio científico arbitrado, plantea descender al interior de uno de los cráteres lunares en sombra permanente un pequeño dispositivo conocido como cavidad óptica, que funciona reflejando luz entre dos espejos. Para que el haz láser se mantenga estable, la distancia entre esos espejos debe permanecer casi perfectamente constante, condición que las temperaturas extremadamente bajas del interior de esos cráteres contribuirían a garantizar de manera natural, dado que el silicio apenas se dilata o contrae en esas condiciones.
Una vez estabilizado, ese láser podría emplearse como señal de referencia para guiar el aterrizaje de naves con mayor seguridad, sentar las bases de un sistema equivalente al GPS en la superficie lunar y mejorar las comunicaciones entre satélites en órbita.
Los investigadores van más lejos en sus proyecciones: una red de estos láseres distribuidos en la superficie lunar podría detectar variaciones mínimas en la distancia entre objetos, lo que abriría nuevas vías para estudiar la gravedad y el espacio-tiempo con una precisión sin precedentes.
Los cráteres permanentemente en sombra ya concentraban el interés científico por su potencial para albergar hielo de agua y otros recursos estratégicos para futuras misiones. Sin embargo, su escasa o nula exposición solar los convierte en entornos extremadamente difíciles de estudiar, aterrizar y explorar, lo que añade valor a cualquier tecnología capaz de operar en esas condiciones.
El equipo científico planea probar primero la tecnología en órbita baja terrestre antes de dar el salto a la superficie lunar, con vistas a un despliegue en los próximos años.

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