El Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial del 15° Turno dictó una sentencia definitiva por la cual condena al Estado paraguayo a pagar la suma total de G. 221.807.288, más los intereses devengados, al señor Marcelo Manuel Romero, de profesión peluquero.
La resolución judicial se da en respuesta a una demanda promovida por Romero por indemnización de daños y perjuicios extracontractual, luego de haber sufrido una injusta privación de su libertad. Asimismo, el juzgado resolvió rechazar, con costas, la excepción de falta de acción pasiva que había sido opuesta como medio de defensa por la Procuraduría General de la República (PGR) en representación del Estado.
El fallo establece un plazo perentorio de diez días para que el Estado paraguayo efectúe el desembolso del dinero con los intereses contados a partir de la notificación de la demanda.
Pasó 22 meses preso
Los antecedentes del caso revelan un grave error en el sistema de justicia. Marcelo Manuel Romero estuvo recluido en prisión durante 22 meses, en un periodo comprendido entre los años 2019 y 2021, tras haber sido vinculado erróneamente a una causa penal por robo agravado.
Finalmente, el trabajador fue sobreseído de forma definitiva luego de que el propio Ministerio Público decidiera retirar la acusación al comprobarse de manera inequívoca su inocencia. Las investigaciones posteriores demostraron que el afectado ni siquiera se encontraba en el territorio nacional en la fecha y hora en que se perpetraron los hechos delictivos por los cuales fue privado de su libertad.
Se presentó para aclarar el caso y terminó en Tacumbú
El calvario de Romero se originó por un asalto ocurrido en el año 2012. “Mi mamá me dijo que salí en la tele porque decían que robé”, recordó el peluquero. Al enterarse de que su nombre figuraba en los medios de comunicación, y con la total tranquilidad de saber que en la fecha del atraco ni siquiera se encontraba en el territorio nacional, tomó la decisión de acudir de forma voluntaria a la comisaría local para subsanar el malentendido.
Sin embargo, la burocracia judicial jugó en su contra: “Al presentar mi cédula para solucionar mi caso, ya quedé detenido”, relató el afectado, quien en aquel entonces tenía 26 años. De la sede policial fue derivado directamente a la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, donde permaneció recluido de manera injusta hasta que la Fiscalía retiró la acusación en 2021 al confirmarse su total inocencia.
Cuenta que salió con su espejito con el que hacía cortes de cabello a los demás reclusos y con el sueño de tener nuevamente su peluquería, sueño que construyó poco a poco, primero cortando el pelo en la vereda y luego, con ayuda de su mamá, alquiló un saloncito y volvió al trabajo que le apasiona y que lo salvó de «volverse loco» dentro de la cárcel.
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